SIÉNTATE A REFLEXIONAR

Conversación entre dos o más personas que exponen sus ideas y comentarios de forma alternativa.

RAE

PERMITE QUE HABLAR SEA LA MEJOR OPCIÓN

Cuando no tenemos en frente un problema, todos creemos que seremos capaces de solucionarlo hablando.

No sé que ocurre en el transcurso del conflicto, pero lo último que quieren hacer las personas es sentarse a expresar sus ideas y ponerlas en común para llegar al buen entendimiento.

El ego, la culpa, la indecisión, la desconfianza, juegan un papel muy importante en todo este proceso de falta de comunicación. Sin embargo, está más que probado que las personas que se sientan a discutir sobre un asunto que les tiene enfrentados consiguen alcanzar una solución eficaz en tiempo récord.

Entonces… ¿qué ocurre? ¿Por que los seres humanos no conseguimos sentarnos a hablar antes que destrozarnos las vidas viviendo en conflicto?

¿Acaso preferimos seguir sintiéndonos victimas del mundo?

¿Acaso nos aporta placer saber que estamos sufriendo “por culpa” de un otro?

¿Acaso somos incapaces de combatir nuestros egos y pedir disculpas a tiempo por nuestros errores?

Recuerda: Tu conflicto bien mediado es un problema resuelto.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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Quiero ser Aceptado

La libertad significa responsabilidad. Por eso tantas personas le tienen miedo”

George Bernard Shaw

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No pocas veces me he topado con las dudas de amigos, conocidos y allegados preguntando sobre que camino elegir ante las circunstancias del devenir de la vida. A todos se les planta delante la fidelidad familiar – es decir, hacer lo que harían sus familiares – y su deseo personal – es decir, hacer lo que les manda su propia voluntad.

No sólo los amigos se debaten con sus historias internas y con los miedos a no ser reconocidos por su núcleo familiar, sino que los clientes que llegan a nuestro despacho, generalmente vienen con los mismos temores. Todos ellos se dejan llevar por una poderosa fuerza interna que les hace ser emocionalmente incapaces de elegir lo que de verdad desean elegir.

Llamémosle cultura de la aceptación social al hecho de sentirse culpable de no elegir lo que creemos que quieren los otros por nosotros o de nosotros. Desde esta perspectiva el derecho a la libre elección del camino se ve mermado por la incompetencia psíquica de no saber elegir sin sentirnos dependientes de la aprobación de nuestros seres más queridos. Es cien por cien justificable pensar que es importantísimo tener la aprobación de nuestros allegados para poder avanzar en la vida, incluso algunos de los lectores se revolverán del asiento y dejarán de leer el artículo porque piensen que todas las decisiones de sus vidas han sido libre pensadas por ellos mismos, pero lo cierto es que las decisiones son tomadas sin la consciencia suficiente de la libre elección personal por el temor a ser rechazado.

Se trata de un temor clave a a hora de decidir que camino tomar ante una diatriba personal y concreta de nuestra vida.

Es cierto que en todo momento somos libres de elegir. Eso no es ficción ya que todos funcionamos así. Sin embargo, muy pocas veces me encuentro con gente que sabe ciertamente desde donde está tomando esa “libre” elección. Es decir, de si está tomándola para que su núcleo cercano-familiar no le rechace o si la está tomando bajo el deseo consciente de que eso es lo que quiere para su vida.

La libertad de elección tiene 2 variantes:

  1. Elegir libremente hacer lo que el otro quiere o creo que haría en mi lugar aún sin el deseo suficiente de hacerlo. Sin ser consciente de las consecuencias negativas que acarrea tal acción por haber mermado mi capacidad de deseo.
  2. Elegir libremente siendo responsable de mis acciones. Siendo consciente de que todo lo que hago es por voluntad propia y que ello acarrea consecuencias directas, ya sean positivas o negativas.

En conclusión, la aceptación por la sociedad es un tema controvertido debido a su unión con la toma de decisiones en nuestra vida. Generalmente hacemos las cosas para que no hablen mal de nosotros y nos vamos olvidando poco a poco de quienes eramos y cuales eran nuestros principios. La sociedad nos devora y lo único que queda es una máquina con nuestro nombre que actúa en nombre de otros sin ser sujeto de su vida. El miedo al rechazo obvia la oportunidad de ser libre.

¿Pero cuantas personas se plantean ser libres? Se vive cómodo en la ignorancia de seguir hacia delante, sin pena ni gloria, sin pensar en las consecuencias de nuestras acciones, pero cada vez más, debido a esta gran inactitud, la sociedad se desquicia.

Quizás es un tema excesivamente filosófico para un despacho de abogados, sin embargo tras la experiencia de los años descubro que es aquí donde reside la semilla de todos los conflictos que llegan a nuestras dependencias. Y como queremos contribuir a que el mundo sea un lugar fructífero esta es la semilla que plantamos día a día.

Las cosas que se hicieron en el pasado no llevaban consigo el deseo de hacerlas, porque había algo más poderoso y oculto en la toma de las decisiones.

Desde nuestro despacho servimos de oído para escuchar donde se encuentra la raíz del problema que traen nuestros clientes para así desenmarañar el conflicto que nos presentan. Evidentemente es tarea de todos querer averiguar que nunca se fue exactamente sincero con las emociones que producían nuestras decisiones, pero puesto que somos un despacho innovador ofrecemos esto en cada uno de nuestros casos.

La clave para ser aceptado en cualquier grupo humano es ACEPTARSE A UNO MISMO. ¿Trabajamos?

Ángela Victoria Correa Puche

Abogada experta en Mediación Interfamiliar

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LA DIVERSIDAD CULTURAL

Todo parece imposible hasta que se hace.

Nelson Mandela

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Existen multitud de teorías que pretenden esclarecer el “cómo” las culturas han de entenderse unas con otras. Los etnocentristas, los relativistas culturales y los racionalistas han propuesto infinidad de formas para el entendimiento, así como comunistas, liberales o democráticos. Pero, lo cierto es que aún no se ha resuelto el problema, y siguen produciéndose disputas y enfrentamientos entre las diferentes culturas y la yuxtaposición de unas sobre las otras. Todas acaban metidas en un bucle y por ello se trata de un tema de actual relevancia.

Si hablamos de diferencias culturales y del entendimiento entre la gran variedad de personas que conforman la diversidad cultural de nuestro mundo, primero tenemos que partir de los conceptos de diferencia y diversidad.

La DIFERENCIA es “aquella cualidad por la cual algo se distingue de cualquier cosa”.

La DIVERSIDAD es “abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas”.

Ponemos estos conceptos sobre la mesa puesto que en muchas ocasiones los empleamos como si su significado fuera el mismo.

Si entendemos que el antónimo de DIFERENCIA es IGUAL, y el de DIVERSIDAD es IDÉNTICO, comprobaremos que cuando hablamos de diferencia, nos referimos a lo que es distinto dentro de un marco de referencia y que, por tanto, puede tener una serie de connotaciones iguales. Es decir, hay aspectos de la cosa que diferenciamos que tienen algo específico en común. Sin embargo, con el concepto de diversidad estamos encarando en término de irrepetibilidad, pues lo diverso es único entre una gran variedad. Es decir, busca tener una identidad en sí misma, entre lo diferente.

Sin embargo, no podemos obviar que cuando nos referimos a la diversidad cultural, hablamos, también, de diferencias. Es decir, son las diferencias culturales las que promueven la diversidad cultural, por tanto, son las diferencias culturales las que tienen la llave de acceso y de salida de los conflicto culturales.

¿Cómo han tratado las diferencias, las diversas teorías que tratan de resolver los conflictos entre diferencias culturales?

El etnocentrismo toma a una cultura cualquiera como patrón para valorar las demás. Sin embargo, cuando nos paramos a reflexionar lo que valorar significa, nos damos cuenta que cuando valoras sobrepones una cosa sobre otra, menospreciando lo que la “inferior” puede ofrecerte.

El relativismo cultural, “por el contrario”, pero con aspectos muy similares, entiende que las culturas no pueden ser concebidas ni valoradas si no es desde la propia cultura, y llega a la conclusión de que no es posible valorar dicha cultura.

Estas dos formas de entender las culturas, se estancan en el mismo punto. Ambas pretenden valorar las culturas para darles algún sentido, no obteniendo respuesta alguna que sea aplicable para resolver el “problema” de la diversidad cultural.

Ahora bien, creyendo que los racionalistas tienen la solución y considerando que estos no se detienen en el mismo escollo de la valoración, descubrimos que ellos opinan que las culturas pueden ser juzgadas desde lo que ellos llaman razón. ¿Y qué es juzgar sino valorar que está bien y que está mal? Por consiguiente, se vuelve a valorar y a caer en la trampa del beneficio, pues hay algo que se entiende más razonable y por encima de otra cosa.

Estas tres concepciones rastrean algo en común: cómo hay que hacer para imponer una  verdad y los valores que esta trae consigo para formar una norma que atienda a la diversidad cultural. Es decir, todas buscan implantar su razón sobre todas las cosas.

Lo que nos interesa a la hora de comprender la diversidad cultural y respetarla es saber qué queremos hacer con ella. Entonces, hay que tener en cuenta que, como bien proponía Habermas, “si todo ser humano nació en una comunidad lingüística, el lenguaje es, paradójicamente, anterior al hombre. Todo el que quiso decir algo, ya tuvo que suponerlo”. Es decir, lo que tenemos que tener claro es que para resolver cualquier conflicto es imprescindible desear que se resuelva.

La resolución de las controversias culturales se verán resueltas una vez que hayamos adoptado el criterio base del Psicoanálisis de Jose Luis Parise que dice que “una vez que ordenas el caos de la idea (el qué quieres), el universo iniciará el camino para la consecución de tu propósito. Sólo precisa que no dejes de dirigirte”.

Por consiguiente, hagamos uso de nuestros sentidos: hablemos y escuchemos lo que decimos, porque eso que digamos es lo que se materializará.

Por consiguiente, el dialogo es la solución, pero un dialogo que conozca a qué se dirige y que no intente imponer una cultura sobre otra, porque lo cierto es que todas las culturas son únicas e irrepetibles. Valiosas por sí misma. Diversas.

Luego, si lo que se persigue es la Paz entre culturas, será la paz entre culturas lo que se consiga.

Ángela Victoria Correa Puche

Abogada experta en Mediación

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