¡Estoy harto de mi vecino!

Un edificio tiene dos vidas: La que imagina su creador y la que efectivamente tiene. Y no siempre son iguales.

Rem Koolhaas, arquitecto.

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¿Alguna vez has pensado que tu vecino no sabe convivir? ¿Has pensado que un problema con tu vecino no tiene solución porque no sabe escuchar? ¿Has deseado tocar en su puerta para atajar eso que tanto te molesta? ¿Le has dicho a alguna persona cercana que lo que hace tu vecino es motivo de mudanza?

Si tu respuesta ha sido afirmativa en alguna o todas las preguntas, efectivamente tienes un problema con un vecino y yo tengo el elixir que hará que se solucione.

Como bien sabrás, querido lector, la convivencia nunca es fácil porque, a la hora de relacionarnos los unos con los otros, los principios que rigen nuestras vidas se confrontan. Sin embargo, todos estamos destinados a convivir los unos con los otros porque el mundo está lleno de personas que vienen y que van, de buen humor y con malas pulgas, sonrientes y apáticas, pero todos personas y todos nos encontramos alguna vez en el camino.

Cuando nos topamos con alguien que nos hace la vida más difícil, es cuestión de que nos paremos a solucionar el asunto que nos lleva por el camino de la amargura, pues de lo contrario el problema se eternizará.

No des por sentado que tu vecino ha de pensar igual que tu, porque lo cierto es que no lo hace. De pensar igual que tu, aquello que no comprendes que hace no lo haría. Por lo que tienes 2 opciones:

  • No hacer nada y seguir quejándote de por vida.
  • Coger el toro por los cuernos y domar la situación.

Y tu pregunta será, ¿y como cojo el toro por los cuernos?

Pues bien, una denuncia puede ser la vía más conocida, pero es una de la que más problemas futuros genera, pues a nadie le gusta ser denunciado por lo que la denuncia generará aún más controversia entre vosotros.

Por consiguiente, lo más eficaz es que, de buen rollo, te sientes a discutir el asunto con tu vecino. No sé si estarás al tanto de que existen gabinetes y despachos de mediación de conflictos en los que la gente como tú acude a resolver uno o varios puntos en desacuerdo con una persona.

El procedimiento es bien sencillo. Sólo necesitas hacer una llamada a tu mediador de cabecera y el o ella lo organizará todo para que podáis sentaros a hablar del tema que te preocupa. En un entorno totalmente seguro, en el que el mediador escuchará vuestras desavenencias y os guiará hacía un acuerdo productivo que marque los límites de vuestra relación.

¿Estas harto de tu vecino?

Deja de estarlo… Acude a Mediación.

 

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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¿INTEGRAMOS?

No es por lo que eres, sino por lo que trasmites. Ahí es donde está la magia.

Neleb Argen

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Hace unos meses me planteo lo fácil que resulta teóricamente la integración de personas con discapacidad y lo difícil que es en la práctica.

Los recursos necesarios para poder ofrecer a todo el mundo igualdad de oportunidades, la gran mayoría de veces, no están o bien no se han contemplado, por consiguiente no es posible la integración. Ya no sólo las barreras arquitectónicas hacen imposible la integración de las personas, sino también las propias barreras mentales de los individuos que componemos la sociedad.

El discurso social suele ser integrador en la mayoría de personas. De cara al público, gran parte de las instituciones tienen un buen programa de integración que permite a todo el mundo acceder a sus recursos, sin embargo, por algún motivo más sutil que permitir que todo el mundo acceda a todo, la integración a veces se queda en papel mojado.

¿Acaso no hemos definido bien que es integrar?

La definición de integración es la siguiente “Hacer que una persona se incorpore a algo para formar parte de ello“. Hasta aquí todo bien, teniendo en cuenta que generalmente las personas que necesitan y quieren ser integradas consiguen acceder a casi cualquier recurso. Pero a veces se está obviando la integración en el grupo, las relaciones sociales y eliminar la mirada lastimera, y más si hablamos de integración de personas con perfiles psiquiátricos.

Efectivamente avanzamos en el cambio de mentalidad y gracias a ello conseguimos derechos sociales que antes eran impensables, pero otras veces nos empeñamos tanto en eliminar la desigualdad que no nos damos cuenta que incluso la desigualdad es positiva dependiendo del asunto que trates.

Si por motivos obvios un niño de 3 años no se encuentra cursando una carrera de medicina porque supondría un quebradero de cabeza hacer comprender al menor los conceptos que ello implica, es posible que a veces nos empeños en integrar desde un punto de vista erróneo.

Es por ello que es necesario valorar cada situación desde su origen y desde ahí actuar, para dar la solución que efectivamente implique integración.

Es un placer absoluto encontrar diversidad de lo contrario la vida sería aburrida, por lo que quizás el concepto de integración tendría que definirse desde la óptica de la diversidad de oportunidades y no de la igualdad, puesto que lo cierto es que no existe un ser humano igual en todo el mundo, sin embargo, cada uno es esencial en el enclave social.

En muchas ocasiones cotidianas somos incapaces de aprender de la diversidad e integrarla en nuestras vidas puesto que nos asusta en exceso lo que es diferente a nosotros y por eso queremos que todo sea igual y clónico.

Y lo mejor de todo, la clave de todo esto está en el medio de las opiniones… como siempre.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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Cuando menos me lo esperaba

El mejor profeta del futuro es el pasado”

Lord Byron

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Solemos decir que de los errores se aprende.

Y cierta es dicha afirmación, siempre y cuando decidas aprender de tu propios errores, de lo contrario acabamos diciendo: “todo ha ocurrido cuando menos me lo esperaba“.

No sé en que momento nos convertimos en ciegos de las señales que manda todo nuestro universo indicando que algo no va bien. Desoímos dichas señales a fin de justificar lo que está por venir, creyendo que nos viene por sorpresa. Sin embargo, todo era más esperado de lo que queríamos asumir.

Nadie nos puede asegurar que el camino no tenga curvas. Pero si hemos pasado una curva cerrada y nos hemos salido de la calzada, podemos prevenir salirnos nuevamente la próxima vez que pasemos por allí, o con las siguientes venideras.

Estoy hablando de los fracasos. De los fracasos en general. Ya sea de una amistad que tú creías que existía, o de un romance en el que las noches de pasión se estaban intercambiando por dolores de cabeza. De un gobierno que comete fallos que no son tan fallidos o de una familia que abandona su dignidad por no asumir sus propios errores.

Estoy hablando de la vida. De la vida en general. De aquellos momentos en los que te haces el inútil para no entrar en conflicto, pero que más adelante te sale caro por no haberte sabido valorar. De aquel día en el que sabías que tenías que hacerle frente a una situación pero el miedo a lo que pensaran de ti, te lo impidió.

Estoy hablando de las traiciones. De las traiciones en general. De aquellas palabras escurridizas que decían una cosa pero hacían otra. De aquellos gestos que andaban vacíos de bondad porque escondían la finalidad de parecer ser mejor de lo que se es. De la envidia que nos impide reconocer lo positivo que hay en los demás.

Hablo de los errores. De los errores del día a día. De aquellos que no somos capaces de reconocer porque nuestro ego nos lo impide. De aquellos que nos hacen tirar todo por la borda por no asumir que estábamos equivocados.

Hablo de todos esos errores que justificamos esperando que el otro se crea que el ha sido el culpable de todo.

¡Sí! De los errores se aprende. Se aprende si abrimos nuestra CONSCIENCIA PARA ASUMIRLOS y así CAMBIAR NUESTRO MODO DE HACER LAS COSAS. De lo contrario, todo se vuelve a repetir.

 

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflicto entre personas

 

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NI NIs – Ni están perdidos, Ni se identifican con ese nombre

Sé el cambio que quieres ver en el mundo”
Gandhi
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Hace poco más de Año y Medio comenzamos una apasionante aventura de la mano de Two Much Research studio que nos haría comprender que vivimos en un país entusiasta, en un país emprendedor, en un país como Borges diría… en plena contingencia. De camino a un viaje a México, Pepa Barral, una socióloga madrileña, me aportaba una historia que de inmediato captó mi atención más absoluta. La empresa “Quiero salvar el mundo haciendo Marketing” les había pedido que realizaran un estudio sociológico de los Jóvenes Españoles a los que la sociedad había catalogado de Generación Perdida o NiNis.
Lo que me contaba era inédito, brillante y esclarecedor… la generación NiNi no existe. En la productora fuimos un poco reacios a creer que eso era así hasta que nos pidió que participáramos en el proyecto como realizadores de un documental secundario al que ya hay rulando por internet sobre la investigación y las conclusiones a las que había llegado.
Nos pasaron el material y acto seguido nos enamoramos perdidamente de los jóvenes de España. Cómo una sociedad, que se considera libre, puede haberse creído semejante mentira. Por supuesto, el conflicto estaba asegurado, no tanto a nivel denso, sino más bien en el plano sutil, en el plano de las ideas, en el plano de los sentimientos. Una generación entre 20 y 30 años totalmente encarcelada por los pensamientos que sus antecesores había impuesto sobre ellos. Esos sentimientos de encarcelación se traducían en una abulia constante, en una frustración por no encajar, por no conseguir destacar laboralmente. Pero nos dimos cuenta que esa generación que en un momento puedo presentar avidia por la vida, rápidamente se puso las pilas y dijo: “¡NO! Si es que yo no estoy perdido/a ni me identifico con una etiqueta que dice de mí que soy un NiNi“.
En este documental, que después de casi 2 años estrenamos el 8 de Junio, se ven las caras de muchos jóvenes encuestados y entrevistados en los que se aprecia en sus ojos el brillo del emprendimiento, de querer salir adelante y explotar en luz.
Escuchar cómo Luis Miguel Barral, sociólogo que lleva a cabo esta investigación, relata esta historia resulta intrigante y a la vez enriquecedora, pues como muy bien el dice en el documental “El nini no lo hemos visto por ninguna parte en esta generación“.
Y tú, ¿qué quieres hacer con tu vida?

 

Alejandro Correa Puche
Director Creativo
AREOCA Producciones Audiovisuales