DERECHOS HUMANOS

“No olvidemos nunca que un libro, un lápiz, un niño y un profesor pueden cambiar el mundo.”

Malala Yousafzai

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Los DERECHOS HUMANOS son las “condiciones instrumentales que le permiten a la persona su realización, por el simple hecho de ser persona, para la garantía de una vida digna”.

Dice el Preámbulo de la Declaración universal de los Derechos Humanos “considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana; […]” la presente DUDH tiene como finalidad la promoción de los mismos para su enseñanza, reconociendo qué instituciones del ser humano son características de la dignidad, pues entiende que ésta es la clave del bien-estar del ser humano.

Entendemos, en este trabajo, por dignidad “el valor inherente al individuo por el simple hecho de ser individuo”, es decir, cada ser humano es valioso, sin distinciones; obviamos la ambigüedad de lo bueno y lo malo.

Así mismo, consideramos que los derechos humanos no son una realidad que tenga que ser discutida en la esfera política – como propone John Rawls –, puesto que los derechos humanos son inalienables, universales, absolutos e inherentes, es decir, PERTENECEN A LA PERSONA. Si bien, no podemos obviar que éstos son derechos morales con reconocimiento legal.

Luego, la Dignidad es el derecho humano por excelencia que, aunque parezca paradójico, no tiene reconocimiento expreso en la DUDH, por su carácter conflictivo. Pero de forma implícita, todos los derechos reconocidos en la Declaración hablan de ella.

David Hume, con su teoría del ser y el deber ser, expresa la idea de que “no es posible derivar ningún tipo de deber a partir del ser de las cosas”. Es decir, extrapolando este ideal a lo que nos concierne, proponemos que los seres humanos SON dignos, NO DEBEN ser dignos. Puesto que no existe ningún “manual” para llegar a ser digno, se sobre entiende que se nace como tal. Eso sí, somos dignos cuando realmente nos sentimos así.

Si queremos establecer un cultura de paz que signifique convivencia intercultural, siendo ésta digna y justa en sí misma, y de práctica universal, reconozcámonos como dignos de recibir y dignos al dar. Rompamos las barreras mentales que nos impiden ver lo valiosos que somos unos y otros. Destruyamos las manías de compararnos unos a otros, porque lo cierto es que todos tenemos la misma capacidad de brillar.

Sólo hace falta una cosa: que queramos ver la luz en la oscuridad.

Que brillemos.

Que pensemos, sintamos, digamos y hagamos convencidos en armonía.

Que vivamos en Paz.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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CONVIVENCIA

“La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias hace nacer la paz en el presente”

Rigoberta Menchú

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La CONVIVENCIA es aquella “acción de vivir en compañía de otro u otros”.

Al conocer la definición que la RAE usa para la palabra convivencia, me surge la duda de cómo define “compañía”. Pues bien, la compañía es “la unión y cercanía entre personas o cosas, o estado en el que se encuentran juntas”.

Es decir, la convivencia es “la acción de vivir en unión y cercanía de los unos con los otros, juntos”. Lo que lleva implícito la idea de re-conocimiento íntegro de lo que es “ser persona” y la valorización del otro con el que comparto la existencia por ser cercano a mí (parte de mi).

¿Esto qué quiere decir?

Teniendo en cuenta que educando de forma que las personas supiéramos que somos parte de un todo y que el daño que provocas a otro es un daño que te infieres a ti mismo, la convivencia sería un mal menor, puesto que estaría superada por una concepción del mundo diferente. Sin embargo, esto, aún, no ocurre.

Luego, tendremos que descubrir que todas las formas de entender la realidad son valiosas en sí mismas, porque finalmente persiguen lo mismo que todas: buscar el “por qué”/ “para qué” de la existencia del hombre. Pero, para que demos valor a todas las realidades, primero debemos romper con muchos convencionalismos y programas que nos impiden ver la luz al final del túnel. Pues es ahí donde se pierde el entendimiento de las realidades.

¿Cómo se concibe la convivencia?

Tenemos que comenzar reconociendo que la mayor parte de las personas se encuentran influidas por las palabras de sus iglesias y parten de unos esquemas pre-diseñados de lo que es la vida. En concreto, y extrapolando esta idea a la mente occidental, la religión judeo-cristiana llama a la tolerancia de unos pueblos con los otros, dándole a ésta el significado de convivencia. Pero, la tolerancia, como su propia etimología denuncia, significa soportar; es decir, de esta forma nos desviamos del concepto de convivencia que persigue la Cultura de Paz.

No podemos obviar que, como hemos nombrado, el ser humano anda en constante búsqueda del porqué de su existencia y que por ello surgieron las religiones dando “respuestas” a esas preguntas. Sin embargo, la mayor parte de esas soluciones adoctrinan y desligan de la finalidad que nosotros perseguimos: una Cultura de Paz.

Entonces, la convivencia es entendida, por la mayoría, como la tolerancia al otro, sin tener en cuenta que su concepción es negativa, de “soporte” y sin pararnos a reflexionar que la tolerancia es una artimaña de nuestro ego para considerar que somos “buenas personas”. Con esto integramos la idea de que existe la creencia sólida de que la polaridad (bueno-malo, pobre-rico) de nuestro universo es indestructible, y por tanto le damos fuerza a la idea de imposibilidad de una convivencia, puesto que finalmente nos desligamos de la esencia de la convivencia, ya que habrá unos “buenos que piensen que con la maldad es imposible convivir”.

Pero esto es un laberinto sin salida. Nosotros tenemos que preguntarnos si es posible convivir en base a lo que Cultura de Paz entiende como convivencia. Y la respuesta es afirmativa.

Uno de los retos que se fija la Cultura de Paz es fomentar y perseguir la interculturalidad como esencia, entre otras, de la convivencia. Como citaría J.A. Binaburo, en su artículo “Desafíos y retos de la educación para la convivencia en la nueva sociedad”, “la ciudadanía multicultural se debe ir tejiendo en una ciudadanía intercultural […]. Para construir la convivencia es necesario educar desde la ciudadanía compleja”. Si recordamos que nuestra realidad es holística y que lo que yo hago afecta al conjunto, en el momento en el que eduquemos para una sociedad que integre el binomio “bueno-malo”, y que descubra que todas las realidades existentes son posibles, estaremos ayudando a las mentes jóvenes a desarrollar una nueva realidad de convivencia intercultural y armónica.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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CULTURA DE PAZ

Nunca dijeron que fuera fácil. Sólo que merecía la pena”.

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La CULTURA DE PAZ es definida como “aquellos valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar problemas, mediante el diálogo y la negociación entre las personas, las naciones, teniendo en cuenta los derechos humanos”.

Cada pueblo tiene una forma propia de pensar. Esto se debe a las diferentes características medio-ambientales, historia, creencias y geografía, entre otras, de cada pueblo del Planeta. Esto ha ido desarrollando los aspectos culturales de las sociedades y generando concepciones de la naturaleza del ser humano.

Si queremos dar un giro de 360º en torno a la creencia social, que tiene su base de origen en la tradición judeo-cristiana, Teorías de Darwin, entre otras, de que la naturaleza del ser humano es, – tal y como representaba Hobbes – “el hombre es el lobo del hombre”, primero debemos estudiar la etimología de Cultura.

La palabra Cultura, del latín “cultivo o crianza”. Es de origen clásico y fue empleada por Cicerón como “cultivo del alma o la mente”.

Para mentes occidentales, la instauración de una Cultura de Paz que ampare la bondad y la resolución pacífica de los conflictos, es de difícil comprensión. Esto se debe a que la concepción que, hoy en día, tenemos de Cultura, es asociada a un colectivo, pues entiende que ésta es el “conjunto de modelos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social…”. Luego, para el grueso de la sociedad, erigir una nueva “Cultura” implicaría que un grupo social determinado tuviera una serie de características comunes; por tanto, para que se instaurase una cultura de Paz sería necesario que ese grupo pensara y actuara conforme a los valores que ella defiende. Y esto “Occidente” lo considera Imposible.

Sin embargo, se hace necesario trascender nuestras endoculturaciones, complejos y creencias para hacer penetrar una Cultura de Paz en nuestras vivencias y abrir la puerta al contingente. Puesto que, como hemos citado, la palabra cultura proviene de cultivar, con lo cual, sólo es preciso que cada uno cultive su propia mente en la PAZ y no esperar a que los frutos provengan de un grupo social. Pues Eso vendrá después.

¿Qué hacer para que esto ocurra? Confucio propuso: “cuando se alcanza el verdadero conocimiento, entonces la voluntad se hace sincera; cuando la voluntad es sincera, entonces se corrige el corazón […]; cuando el corazón se corrige, se cultiva la vida personal; cuando se cultiva la vida personal, entonces se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, entonces la vida nacional tiene orden; y cuando la vida nacional tiene orden, entonces hay paz en este mundo. Desde el emperador a los hombres comunes, todos deben considerar el cultivo de la vida personal como raíz o fundamento”.

Es decir, según la proposición de Confucio, y enlazando con lo que propone el Instituto de Paz y Conflictos de la Universidad de Granada, para el surgimiento de un cambio de mentalidad colectiva es necesario el empoderamiento individual de cada una de las personas que poblamos la Tierra; esto propiciaría los cambios que son imprescindibles para el desarrollo de “orientar e implementar un mundo pacífico”.

Una vez que cada ser humano hace la Cultura de Paz como suya para su vida, la educación entra en juego sin causar ningún problema. ¿Por qué? Resulta evidente que, en el ámbito escolar, si los profesores viven su día a día con los valores que propone la Cultura de Paz, les resultará muy fácil educar en ellos y promocionar la evolución pacífica del ser humano aceptando las diferencias de unos y otros y, además, criando en las potencialidades de cada uno.

Ángela Victoria Correa Puche

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LOS VALORES

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica. Se llama VOLUNTAD.

Albert Einstein

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Los valores son “principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas”.

Valor proviene del latín “valere” que significa “ser fuerte”. Desde una perspectiva axiológica filosófica, valor es una “cualidad del sujeto”. Es decir, actuar conforme a unos valores consiste en vivir en conformidad a su significado y trascendencia, y por tanto, independizárlos de nuestro carácter egocéntrico.

Tenemos que señalar, que los valores y la ética se encuadran dentro de un mismo marco, pues la ética nos dirige a ser valientes; nos impulsa a actuar conforme a “las razones que justifican la adopción de un sistema moral u otro”.

Del cómo sea y elija ser el hombre, depende su ética.

En conclusión, el ser humano, como individuo racional, se rige por una serie de principios que preservan un valor o un conjunto de valores. Los valores están intrínsecamente ligados a la ética y, por consiguiente, a la moral. Ambas, configuran la forma de ser del sujeto.

Podemos definir valor como “el grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar”.

Pero, ¿cómo diferenciar cuales son los valores que contribuyen a la Paz y a la Justicia?

Debido a que como decían los sofistas, interesados por el asunto de la moralidad, “ésta va cambiando de ciudad en ciudad, de generación en generación; es decir, la cuestión de lo que es bueno y lo que es malo es algo que está en constante movimiento; es algo que fluye”, tenemos que partir del concepto de valores atemporales, que son aquellos que no se pasan de moda. Aquellos que en lo más profundo del corazón de cualquiera se reconocen como universales, quitando las capas culturales que nos adoctrinan. Aquellos que no pertenecen a nadie, pues son de todos.

Si entendemos la Paz y la Justicia como los principios que contribuyen a conseguir el estado de armonía que perseguimos, de ellos deduciremos los valores que los defienden.

Al ser todos los seres humanos iguales podríamos decir que como principal valor, para la cuestión que se nos sugiere, prime la DIGNIDAD.

Así como, de la aprehensión de la Dignidad como valor y como principio derivan toda una serie de valores como el RESPETO, la EMPATÍA y el AMOR, entre otros.

 

Ángela Victoria Correa Puche

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¿EN QUÉ CONSISTE EJERCER DE CIUDADANO?

Conócete a ti mismo y conocerás al mundo”

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¿Qué es ser ciudadano?

Si bien es un concepto empleado por todos, es de difícil explicación. Definiciones tales como “habitante de las ciudades antiguas”, “hombre bueno” o en los Estados modernos como “sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país”, son las que nos vamos a encontrar.

Por consiguiente, entendemos que “ciudadano” es un estado, es decir “la situación en que se encuentra alguien o algo, y en especial cada uno de sus sucesivos modos de ser o estar”. Por lo tanto, es: “existir, hallarse en este o aquel lugar, situación, condición o modo actual de ser”. Es decir, al ser ciudadano se existe para el Estado.

Ser ciudadano podemos considerarlo como derecho fundamental, inherente al ser humano por la condición de humano, ya que nacemos en el seno de las sociedades y los Estados, y nos desarrollamos en comunidad.

De la dificultad del concepto, derivan las controversias que surgen de definir cuál sería la forma “perfecta” de ejercicio de la ciudadanía. Una ciudadanía que se desarrolle bajo los principios de Justicia Social y Paz.

Comprender, qué somos los seres humanos y para qué nos desarrollamos en sociedad es la clave que nos dirige a distinguir cuales son los valores que hacen que este mundo sea justo y pacífico.

EJERCICIO DE LA CIUDADANÍA Y JUSTICIA SOCIAL.

Es de la organización social del ser humano de donde surge la Política.

Entendemos que todo ser humano es ciudadano, sin embargo el ejercicio de tal condición se plasma de muy diversas maneras: desde conductas activas a conductas pasivas, que son las que hoy día imperan.

Por tanto, el ejercicio de la ciudadanía es la práctica de los actos propios que se derivan del estado de ciudadano, así como es hacer uso del derecho que ser ciudadano implica, sin obviar las obligaciones que le acompañan.

Hoy en día, el ejercicio de la ciudadanía implica caminar hacia los cambios evolutivos y dejar atrás las conductas pasivas que culpabilizan a todo lo externo. Dice el brasileño Demetrio Valentini que “es la ciudadanía la que puede reciclar la sociedad, de manera continua, oxigenándola con nuevos valores desde conductas activas”.

El ejercicio de la ciudadanía es una cuestión que corresponde a cada uno desde su individualidad, si bien las repercusiones serán sociales y las que generen una Justicia Social.

Ángela Victoria Correa Puche

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¿QUÉ ES UN CONFLICTO?

Lo importante es no dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de existir.

Albert Einstein.

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Hoy traemos una pregunta abierta: ¿Qué es el conflicto?

Adentrándonos en el tema, para responder a esta cuestión debemos comenzar por aclarar que existen numerosas teorías que han estudiado el conflicto ofreciéndonos un panorama lo suficientemente concreto que nos ayuda a comprenderlo.

Para contestar a esta pregunta tenemos que asomarnos a concret cada uno la definición que damos sobre lo que es el CONFLICTO. Además, como ya recogimos en un post anterior, es importante saber cual es nuestro COMPORTAMIENTO ante el mismo ya que esto vendrá influenciado por lo que nos hace SENTIR estar envuelto en un problema. Generalmente, nos centramos en el conflicto manifiesto, es decir, algún problema en concreto. Sin embargo, es importante adentrarnos en aquellas cosas que hacen que se produzca un conflicto.

Generalmente, en un problema influye:

  • La idea que tenemos de que algo es un problema.
  • El comportamiento que genera esa idea.
  • Lo que sentimos en una situación concreta.

Por tanto, partimos del conflicto intrapersonal. Ese que ocurre a nivel interior ya que el problema manifiesto puede venir disfrazado de múltiples formas y por consiguiente desviarnos del tema principal de este post: definir que es un conflicto.

Kurt Lewin lo entiende como una “situación en la que unas fuerzas de magnitudes iguales actúan simultáneamente en direcciones opuestas sobre el individuo”. Freud lo vincula con el desarrollo psíquico del individuo: sin conflicto no habría evolución. Por lo que, comprender que es el conflicto y desde que perspectiva se aborda la idea de que algo es conflicto es la preciso para emprender el camino hacia la disolución del mismo.

Nuestra respuesta inmediata cuando ocurre el conflicto está basada en lo que creemos del conflicto, que deriva de lo aprendido por nuestra cultura y nuestra educación

(Soria y otros, 2008: 22).

Partiendo de la consideración de que el conflicto es universal, debemos encarar la materia recordando que para poder emplear técnicas de negociación y mediación con las personas que presentan un conflicto, primero tenemos que saber qué es un conflicto y, posteriormente, guiar a la persona al origen del conflicto que se le presenta en su vida. Para ello, es fundamental radiografiar el conflicto y comprender para qué se producen, pues, no podremos resolver qué nos indica el conflicto manifiesto si previamente no entendemos la naturaleza del mismo, es decir, de donde proviene.

Lo primero que observamos en el conflicto es su apariencia manifiesta, la punta del iceberg, creyendo que esta apariencia es el principio y el fin del conflicto, sin embargo, el conflicto presenta una serie de características “ocultas”, origen de la situación conflictiva, que mediante el proceso de la escucha activa son posibles de revelar. Estas características son las que nos ofrecen el camino para su disolución, pues son ahí donde reside el motivo del conflicto manifiesto, y donde todo conflicto cobra sentido.

Atendiendo a lo aquí expuesto… Para mi, un conflicto es la oportunidad de transcender mi propia realidad.

¿Qué es un conflicto para ti?

Ángela Victoria Correa Puche

Abogada experta en Mediación

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LA DIVERSIDAD CULTURAL

Todo parece imposible hasta que se hace.

Nelson Mandela

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Existen multitud de teorías que pretenden esclarecer el “cómo” las culturas han de entenderse unas con otras. Los etnocentristas, los relativistas culturales y los racionalistas han propuesto infinidad de formas para el entendimiento, así como comunistas, liberales o democráticos. Pero, lo cierto es que aún no se ha resuelto el problema, y siguen produciéndose disputas y enfrentamientos entre las diferentes culturas y la yuxtaposición de unas sobre las otras. Todas acaban metidas en un bucle y por ello se trata de un tema de actual relevancia.

Si hablamos de diferencias culturales y del entendimiento entre la gran variedad de personas que conforman la diversidad cultural de nuestro mundo, primero tenemos que partir de los conceptos de diferencia y diversidad.

La DIFERENCIA es “aquella cualidad por la cual algo se distingue de cualquier cosa”.

La DIVERSIDAD es “abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas”.

Ponemos estos conceptos sobre la mesa puesto que en muchas ocasiones los empleamos como si su significado fuera el mismo.

Si entendemos que el antónimo de DIFERENCIA es IGUAL, y el de DIVERSIDAD es IDÉNTICO, comprobaremos que cuando hablamos de diferencia, nos referimos a lo que es distinto dentro de un marco de referencia y que, por tanto, puede tener una serie de connotaciones iguales. Es decir, hay aspectos de la cosa que diferenciamos que tienen algo específico en común. Sin embargo, con el concepto de diversidad estamos encarando en término de irrepetibilidad, pues lo diverso es único entre una gran variedad. Es decir, busca tener una identidad en sí misma, entre lo diferente.

Sin embargo, no podemos obviar que cuando nos referimos a la diversidad cultural, hablamos, también, de diferencias. Es decir, son las diferencias culturales las que promueven la diversidad cultural, por tanto, son las diferencias culturales las que tienen la llave de acceso y de salida de los conflicto culturales.

¿Cómo han tratado las diferencias, las diversas teorías que tratan de resolver los conflictos entre diferencias culturales?

El etnocentrismo toma a una cultura cualquiera como patrón para valorar las demás. Sin embargo, cuando nos paramos a reflexionar lo que valorar significa, nos damos cuenta que cuando valoras sobrepones una cosa sobre otra, menospreciando lo que la “inferior” puede ofrecerte.

El relativismo cultural, “por el contrario”, pero con aspectos muy similares, entiende que las culturas no pueden ser concebidas ni valoradas si no es desde la propia cultura, y llega a la conclusión de que no es posible valorar dicha cultura.

Estas dos formas de entender las culturas, se estancan en el mismo punto. Ambas pretenden valorar las culturas para darles algún sentido, no obteniendo respuesta alguna que sea aplicable para resolver el “problema” de la diversidad cultural.

Ahora bien, creyendo que los racionalistas tienen la solución y considerando que estos no se detienen en el mismo escollo de la valoración, descubrimos que ellos opinan que las culturas pueden ser juzgadas desde lo que ellos llaman razón. ¿Y qué es juzgar sino valorar que está bien y que está mal? Por consiguiente, se vuelve a valorar y a caer en la trampa del beneficio, pues hay algo que se entiende más razonable y por encima de otra cosa.

Estas tres concepciones rastrean algo en común: cómo hay que hacer para imponer una  verdad y los valores que esta trae consigo para formar una norma que atienda a la diversidad cultural. Es decir, todas buscan implantar su razón sobre todas las cosas.

Lo que nos interesa a la hora de comprender la diversidad cultural y respetarla es saber qué queremos hacer con ella. Entonces, hay que tener en cuenta que, como bien proponía Habermas, “si todo ser humano nació en una comunidad lingüística, el lenguaje es, paradójicamente, anterior al hombre. Todo el que quiso decir algo, ya tuvo que suponerlo”. Es decir, lo que tenemos que tener claro es que para resolver cualquier conflicto es imprescindible desear que se resuelva.

La resolución de las controversias culturales se verán resueltas una vez que hayamos adoptado el criterio base del Psicoanálisis de Jose Luis Parise que dice que “una vez que ordenas el caos de la idea (el qué quieres), el universo iniciará el camino para la consecución de tu propósito. Sólo precisa que no dejes de dirigirte”.

Por consiguiente, hagamos uso de nuestros sentidos: hablemos y escuchemos lo que decimos, porque eso que digamos es lo que se materializará.

Por consiguiente, el dialogo es la solución, pero un dialogo que conozca a qué se dirige y que no intente imponer una cultura sobre otra, porque lo cierto es que todas las culturas son únicas e irrepetibles. Valiosas por sí misma. Diversas.

Luego, si lo que se persigue es la Paz entre culturas, será la paz entre culturas lo que se consiga.

Ángela Victoria Correa Puche

Abogada experta en Mediación

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LA ACTITUD ANTE EL CONFLICTO

Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar y eres tú mismo.

Aldous Huxley

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La comprensión de las leyes que rigen el universo, así como habitar la vida conforme a ellas, es una clave fundamental para desenmascarar lo que el conflicto viene a enseñarnos.

Los conflictos aparecen en el camino evolutivo como síntoma de la transformación que se ha de ir realizando para conseguir el fin de la existencia. Para alcanzar un plena presencia en nuestras propias vidas debemos valernos de buenas herramientas que nos ayuden a comprender qué rige y qué crea un conflicto.

Si queremos lograr la disolución de un problema es preciso atender a cada una de las circunstancias que nos rodean, ya que todas nos hablan de lo mismo. Descubrir hacia dónde va dirigida la energía conflictiva y desde donde se encarna el conflicto será el primer paso que debemos dar si estamos apostando por aprender de las dificultades.

Parto de la premisa de que somos seres conflictivos. Ésta premisa unida a la deducción de que los conflictos vienen a mostrarnos aquellos aspectos en los que estamos estancados en nuestras vidas, impulsa a precisar de un método que ayude a transformar para disolver nuestros problemas, ya que de este modo se nos aparecen los senderos por los que caminar para evolucionar.

El conflicto es aquel extraño ente que aparece en las vidas de todos los seres humanos para ofrecernos la oportunidad de superar los límites de nuestra propia humanidad.

Tradicionalmente, se ha entendido el conflicto negativamente debido a la unión que hemos hecho con la violencia y la destrucción. Desde esta perspectiva, los expertos en el tema explican que las actitudes ante el mismo serán competitivas (“Yo gano – Tú pierdes/cedes”). Dichas conductas generarán un comportamiento auto destructivo, caótico y competidor. Sin embargo, una disputa puede ser contemplada como algo destructivo o como clave para la transformación de uno mismo.

Por tanto, de nuestra actitud dependerá el desenlace de la historia. La Física Cuántica, la teoría del espejo y o la teoría del efecto observador explican de manera clara que el conflicto aparece por nuestra influencia sobre el mismo. Desde una perspectiva transformativa, la postura que tomemos será cooperativa, de participación para la disolución de las dificultades, lo que nos hace tomar conciencia de que el “Yo gano – Tú ganas” es la fórmula precisa para el éxito .

No obstante, para ello, se requiere andar un camino en el que habrá muchas dudas que resolver si queremos disolver el problema.

A través, de la comprensión de la estructura de un conflicto conoceremos la finalidad que tiene nuestras vidas, que es el modo en el que lo transformaremos para disolver nuestros problemas.

Ángela Victoria Correa Puche

Abogada experta en Mediación

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ESCUCHA AL CONFLICTO JURÍDICO

“Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales.”

Aristóteles

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No existe una mejor manera de escuchar a nuestros conflictos que rescatar el valor fundamental que tienen las emociones enredadas en el.

Si hay factores que afecta en nuestra vida estos son las emociones. Y… ¿acaso alguien nos enseñó que hacer con ellas cuando nos enfrentamos a un divorcio, a la muerte de un hijo, a una herencia, a una disputa jurídica entre hermanos…?

Basta introducir en un buscador de Internet la palabra conflicto, para descubrir que todas las imágenes que encontramos muestran a dos personas agrediéndose, peleándose o, intentando sobreponerse una sobre la otra.

Pero un conflicto jurídico también puede verse desde una perspectiva muy distinta, como una fuente o motor de cambio, una oportunidad para sanar situaciones bloqueadas y enquistadas. El conflicto, mirado desde el punto de vista de cambiar cosas que no funcionan en nuestra vida, nos obliga a ESCUCHARLO. A COMPRENDER QUE VIENE A DECIRNOS.

Todo síntoma, ya sea jurídico o biológico (enfermedad) tiene un para qué, está lleno de sentido. Es una expresión del inconsciente para dar solución a un problema de adaptación  que ha sido configurado a través de una emoción.

Cualquier conflicto comienza con una emoción desbordada, por tanto es fundamental conocer cuál es esa emoción para poder transformarla.

Y puesto que de una emoción se trata, lo primero que tenemos que comprender es que hombres y mujeres abordamos las emociones de muy distinta manera.

Las mujeres llevan dentro un gran programa de desvalorización. Son siglos de desvalorización los que arrastra la memoria.

Los hombres llevan dentro una memoria muy profunda de dolor. Han sido educados para no expresar sus emociones, ya que siempre se les ha dicho que “llorar es de niñas”. Son muchos los hombres que están castrados emocionalmente.

Tanto para hombres como para mujeres es imprescindible aprender a gestionar esa emoción y así trascenderla.

¿Qué se puede hacer desde el ámbito jurídico? ¿Cómo trabajar estos dos polos de un mismo conflicto? ¿Cómo integrar en la resolución del conflicto jurídico las emociones que andan enredadas en él? ¿Cómo aflorar a la superficie de una contienda jurídica los programas que gobiernan nuestra vida desde el inconsciente?

Todo desorden, llámese divorcio, maltrato, salud, o cualquier otro tiende a poner orden en nuestra vida, intenta instaurar orden en nuestro interior y también en el exterior.

Por tanto el reto de futuro de los profesionales del derecho no es solamente ganar un pleito sino, también, dar respuesta a las emociones atrapadas en cada conflicto.

M. Ángeles Puche Aguilera

Abogada experta en Derecho de Familia

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