Negociar las normas del hogar – ¡todos a una!

“Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.”

Sófocles

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¿A qué me refiero con normas del hogar?

Para poder garantizar un buen clima familiar, pacífico, seguro y ordenado es necesario que tanto adultos como menores tengan en cuenta una serie de preceptos que potencian un comportamiento concreto enfocado a la buena convivencia en el entorno familiar.

Por tanto, las normas son las reglas de disciplina o comportamiento que han de cumplirse diariamente a fin de mantener una buena atmósfera en el hogar.

 

¿Qué tipo de normas existen?

  1. Las no negociables: Son aquellas que el adulto establece y están relacionadas con los principios que rigen la convivencia familiar. Como por ejemplo, “hablarse con respeto”, “no utilizar la violencia” o “argumentar los deseos”.
  2. Las negociables: Son aquellas que son negociadas en el entorno familiar y están relacionadas con los deseos de cada uno de los individuos de la familia. Como por ejemplo, “el contenido televisivo que se consumirá en casa” o “la hora de llegada para hijos adolescentes”.

 

¿Cómo podemos negociarlas?

En lineas generales, esto depende de la edad del menor con el que estemos tratando, puesto que no es lo mismo tratar con menores de 6 años o con menores de 17, puesto que la capacidad de empatía (necesaria para poder negociar un derecho) o la de racionalidad de un asunto no es igual en todas las edades.

Por tanto, hay que partir de observar la situación familiar, para posteriormente planificar en que soporte van a dejarse reguladas esas normas y finalmente aplicar la normativa que ha sido definida por toda la familia en función de las edades y los intereses de todos los miembros.

Si finalmente se cumple la norma se aplicarán los incentivos elegidos para conseguir que esto se convierta en un comportamiento continuo. Sin embrago, como de lo que se trata es de crear bienestar familiar y de enseñar a los menores a tener empatía con los derechos de los demás, no es preciso que todo sea premiado objetivamente, puesto que habrá que ayudar a comprender a los menores que la mayor recompensa es vivir en un entorno pacífico.

¿Qué debemos tener en cuenta?

Es necesario que el adulto, con su ejemplo, sea el primero en mostrar como ha de ser la pauta de comportamiento a fin de garantizar que el menor lo comprenda, pues como bien se dice “un buen ejemplo vale más que mil palabras“.

 

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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