“Te voy a llevar a Juicio”

La vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil.

Sócrates

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Actualmente, cuando dos o más personas se pelean o experimentan simples desavenencias con otra persona le sueltan eso de: “¡te voy a llevar a juicio!

La facilidad de acceso a las instituciones judiciales, aunque a algunos les pueda parecer que no, es tan grande que utilizar esa expresión se ha convertido en una muletilla que utilizas para defenderte de no querer abordar un problema que puedes resolver por ti mismo a fin de intentar quedar “libre de culpas”.

Como me ha ocurrido a mi hasta hace relativamente poco, es posible que no te hayas parado a reflexionar el concepto de Juicio nunca. Tenemos tan asociado a la palabra que un juicio consiste en un procedimiento en el que un juez dice que se ha de hacer ante una situación concreta que le planteamos que no nos percatamos que un juicio es mucho más que ello y que el origen de la palabra no es nombrar un proceso sino definir una acción de pensamiento de una persona Sabia.

Esta confusión viene de la deformación de la sintaxis en la que empleamos el concepto. La expresión “llevar a juicio” implica ir a un lugar, sin embargo esta expresión no contempla la figura del juez – que a mi entender es la figura más importante de todo el proceso -. ¿Cuando empezamos a utilizar la expresión “llevar a juicio” por la de “someter a Juicio”?

Quizás pueda parecerte una tontería esto que te cuento, pero lo cierto es que es sumamente importante utilizar las palabras correctas a fin de darle el valor que requiere un acto tan importante como el someter un hecho a Juicio.

En teoría, los jueces deben ser personas dotadas de tal calidad ética y moral que son capaces de dirimir cualquier cuestión litigiosa con auténtica justicia y principios éticos; pero lo cierto es que hoy en día al juez no se le valora su grado de discernimiento ético de las situaciones, simplemente se le valora que tenga un correcto conocimiento de parte de la legislación que rige un país, sin entrar a valorar su condición personal para ejercer justamente su posición.

Tal deformación del concepto de Juicio implica que la justicia ande tambaleándose, pues no existen leyes escritas que definan que decisiones son correctas o no, pues esto lo da la calidad del juez en dirimir una cuestión en base a los principios éticos que deben consolidar la personalidad de las personas. Al estar cada vez más confundidos los principios morales de la sociedad, las personas emplean más las instituciones judiciales para resolver asuntos que con el cumplimiento de la palabra dada sería de fácil resolución sin la necesidad de acudir a que el juez bajo su Juicio resolviera la cuestión.

Por tanto, no consiste en llevar a juicio “sin ton ni son” a todo el mundo y cada cuestión, consiste en que nos paremos a reflexionar la entidad de Justicia y la importancia de tener un Juicio acorde a los valores del bienestar social.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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