DERECHOS HUMANOS

“No olvidemos nunca que un libro, un lápiz, un niño y un profesor pueden cambiar el mundo.”

Malala Yousafzai

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Los DERECHOS HUMANOS son las “condiciones instrumentales que le permiten a la persona su realización, por el simple hecho de ser persona, para la garantía de una vida digna”.

Dice el Preámbulo de la Declaración universal de los Derechos Humanos “considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana; […]” la presente DUDH tiene como finalidad la promoción de los mismos para su enseñanza, reconociendo qué instituciones del ser humano son características de la dignidad, pues entiende que ésta es la clave del bien-estar del ser humano.

Entendemos, en este trabajo, por dignidad “el valor inherente al individuo por el simple hecho de ser individuo”, es decir, cada ser humano es valioso, sin distinciones; obviamos la ambigüedad de lo bueno y lo malo.

Así mismo, consideramos que los derechos humanos no son una realidad que tenga que ser discutida en la esfera política – como propone John Rawls –, puesto que los derechos humanos son inalienables, universales, absolutos e inherentes, es decir, PERTENECEN A LA PERSONA. Si bien, no podemos obviar que éstos son derechos morales con reconocimiento legal.

Luego, la Dignidad es el derecho humano por excelencia que, aunque parezca paradójico, no tiene reconocimiento expreso en la DUDH, por su carácter conflictivo. Pero de forma implícita, todos los derechos reconocidos en la Declaración hablan de ella.

David Hume, con su teoría del ser y el deber ser, expresa la idea de que “no es posible derivar ningún tipo de deber a partir del ser de las cosas”. Es decir, extrapolando este ideal a lo que nos concierne, proponemos que los seres humanos SON dignos, NO DEBEN ser dignos. Puesto que no existe ningún “manual” para llegar a ser digno, se sobre entiende que se nace como tal. Eso sí, somos dignos cuando realmente nos sentimos así.

Si queremos establecer un cultura de paz que signifique convivencia intercultural, siendo ésta digna y justa en sí misma, y de práctica universal, reconozcámonos como dignos de recibir y dignos al dar. Rompamos las barreras mentales que nos impiden ver lo valiosos que somos unos y otros. Destruyamos las manías de compararnos unos a otros, porque lo cierto es que todos tenemos la misma capacidad de brillar.

Sólo hace falta una cosa: que queramos ver la luz en la oscuridad.

Que brillemos.

Que pensemos, sintamos, digamos y hagamos convencidos en armonía.

Que vivamos en Paz.

Ángela Victoria Correa Puche

Mediadora de conflictos entre personas

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