MENORES NO TAN INOCENTES

“La violencia es el último recurso de los incompetentes”

Asimov

joven-delincuente

Vivimos en una sociedad anestesiada en la que resulta más importante acallar y tapar la violencia que sufren algunos menores en las aulas debido al comportamiento de otros compañeros, que amparar y proteger sus derechos con contundencia para que esos mismos hechos no vuelvan a repetirse.

Mientras en la mayoría de los colegios se niega la existencia de alguna clase de violencia dentro del recinto escolar, la triste realidad nos muestra, cada vez con más crueldad, que son muchas las conductas violentas que se esconden bajo la apariencia inocente de un menor, además que cada vez son más los niños que sufren la extorsión de sus compañeros de clase.

La violencia en las aulas es la consecuencia de una sociedad enferma y reflejo de las múltiples situaciones de abuso que los menores ven cada día en las calles, en televisión, videojuegos y, lo que es más importante, en sus propias familias.

Son tantos los comportamientos agresivos entre iguales los que inciden de manera muy directa en las conductas violentas observadas en el ámbito familiar que luego los menores reproducen de una forma no muy distinta según se trate de chicos o chicas, según el género del menor. En el caso de chicos “su modus operandi” es en general la agresión física y verbal. En el caso de las chicas acuden a humillar y desacreditar a sus víctimas, dejándolas aisladas y en situación de exclusión social.

La familia que, constituye el primer lugar donde los menores aprenden y adquieren patrones de comportamiento y convivencia, se convierte en demasiadas ocasiones en un motor que impulsa y enseña conductas agresivas. Así ocurre en todas aquellas familias donde existe ausencia de dialogo y ejercicio de autoridad por el considerado más fuerte y, así sucede también con todas aquellas familias en las que a los niños todo se les permite y no se les pone límites a sus deseos y caprichos, creando de este modo, perfiles de personas con un alto grado de frustración, personas que si no obtienen el objeto de su deseo por las buenas lo van a conseguir por las bravas, generando así un bucle en sus vidas  que los obliga a mantener con violencia lo que han obtenido con violencia.

M. Ángeles Puche Aguilera

Abogada experta en Derecho de Familia

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